¿Tenis? ¿Quién guarda unos desgastados y malolientes tenis de baloncesto?
Un momento, esos tenis son de… Un fuerte recuerdo invade tu memoria… Estás debajo de una cama, escondido, conteniendo la risa y tu emoción casi desbordada delata alguna broma que estás a punto de hacer, se abre la puerta y lo único que observas son un par de tenis blancos con franjas rojas que se detienen a escasos centímetros de tu cara… Es tu tío que ha regresado de su entrenamiento…
Espántalo, espántaaaaalo EEEEESSSSSPPPANNNNTTTAAAAALOOO !!!! GGGGRRRRR AAAAAAAAHHHHHHHHHH!!!!! Gritas mientras sujetas firmemente su pie.
Una voz sin mucha emoción y en tono casi de burla responde:
– ¡¡¡Ayyyy!!! !!!Un monstruooooo debaaajooo de mi camaaaaa!!!
– ¡¡¡GGGGGRRRRR AAAAAHHHHH!!!
– ¡¡¡Ayudaaaaa¡!!! ¡¡¡Alguien ayúdenmeeee, voy a morir!!!
– No tío, soy yo, ¡tu sobrino!
– ¡¡¡Ufff que susto me lleve!!! ¿Quieres ir al parque? Necesito seguir entrenando y mejorar mi técnica de tiro libre.
– Yo quiero mejorar mi técnica de balanceo y llegar más alto en el columpio.
Las tardes en el parque son los recuerdos más marcados de tu infancia, era todo un pequeño mundo para ti donde podías divertirte sin preocuparte de nada, salvo el momento en el que el sol dejaba de estar en el firmamento y el tono gris azulado del crepúsculo indicaba que había que regresar a casa.
– ¿Por qué entrenas tanto tío?
– Quiero ser el mejor basquetbolista de México y poder jugar en la NBA, nunca ha habido un mexicano que nos ponga en alto con los mejores del mundo y yo quiero ser el primero.
– Yo quiero poder dar una vuelta completa en el columpio, como lo hacen los trapecistas del circo al que fuimos, nunca he visto a ningún niño que haga eso, todos llegan nada más a la mitad del recorrido y quiero ser el primero.
La mirada de mi tío en ese momento paso de una determinación inquebrantable, a una que asomaba una ligera duda sobre lo que queríamos de la vida, ¿qué era más loco y absurdo, que yo diera una vuelta completa en el columpio o el ser uno de los mejores jugadores de la NBA?.
Ese día algo cambio en él y poco a poco dejo de entrenar con la misma obstinación y empeño, ahora jugaba baloncesto para divertirse con sus amigos. Una lesión en el tobillo lo alejo completamente de la cancha un año después de esa plática.
Pensó que tenía que ser el mejor del mundo para poder vivir su pasión, cuando lo único que requería hacer era disfrutar lo que hacía.
Por mi parte, mis deseos de dar una vuelta completa en el columpio como si fuera Tito Gaona, se esfumaron una bella tarde de abril, cuando el sudor de mis manos me impidió sostenerme firmemente del columpio y la física hizo su trabajo… Romper la seguridad del movimiento pendular y escupirme del columpio a la mitad del giro y a la mayor velocidad posible, dejando ahora mi pequeña humanidad a merced de una trayectoria parabólica que apuntaba directamente a unos abundantes arbustos.


