El ático de los sueños olvidados: Máquina de Escribir -Parte I-

Una caja de plástico de color azul celeste se asoma por un costado del baúl, tiene una agarradera de plástico negro y es bastante pesada, quizás sean los lingotes de oro que el abuelo decía que guardaba o a lo mejor esas viejas monedas que coleccionaba. Presionas los viejos botones de metal que liberan el seguro y lo que encuentras te sorprende más que cualquier joya preciosa… ¡¡¡Una antigua máquina de escribir!!!

Sin pensarlo y casi de manera automática presionas firmemente una tecla, el sonido sordo y hueco te causa una sensación como de incomodidad, sabes que falta la principal pieza de creación… ¡¡¡Una hoja en blanco!!! En el estuche de la máquina hay al menos una docena de hojas, que de blancas no tienen nada, los años guardadas las tiñeron de un amarillo ocre que recuerda a los viejos periódicos de las hemerotecas. Aún recuerdas cómo colocar la hoja en el rodillo, nivelarla, soltar la prensa para que presionara el papel y mover el carro hasta su posición inicial para empezar a escribir.

Hay algo curioso en las máquinas de escribir antiguas y es que cualquier error de ortografía, tabulación y mayúsculas se pagaba muy caro, no es que por eso te fueras al infierno, más bien el infierno venia a ti, no existía una tecla de retroceso que borrara el caracter, el proceso de corrección del error era mecánico y cualquiera que fuera, al final le restaba presentación a tu trabajo… Tinta blanca para tapar el error y después de su secado, escribir nuevamente sobre ella, gomas que no hacían bien su trabajo y solo manchaban la hoja, navajas para raspar la tinta de la capa superior del papel y algunas otras técnicas dignas de un restaurador de obras de arte o de un falsificador.

Si el error estaba en la primera cuartilla no importaba tanto, sin pensar en el medio ambiente y la madre naturaleza, arrancabas la hoja con una indiferencia y una ligera sonrisa de “No pasa nada”. Si el error estaba a más de la mitad de la hoja o ya llevabas varios fallos acumulados, la furia y el odio te hacían pegar de gritos con alguna que otra maldición y un par de palabras altisonantes. Era fácil saber con certeza el avance de un escrito por la intensidad del grito y la rudeza de las palabras con las que alguien desahogaba su ineptitud.

Todos esos recuerdos te vienen a la mente mientras miras fijamente el “Indicador de Línea”, esa parte donde la tecla golpea la cinta e imprime la letra en la hoja, digamos que ahora es donde “Parpadea el Cursor”… Miras fijamente esa zona en blanco te transporta a un momento clave en tu vida, cuando siendo niño y jugando con la pelota en el jardín, un sonido de golpeteo constante y de campanitas llamo tu atención, quizá era algún juego mecánico divertido, así que lo mejor era ir a averiguarlo, sigues la ubicación del sonido y te lleva al cuarto de estudio de la casa de los abuelos.

La imagen que descubres al llegar fue algo confusa… Tu tía sentada en el escritorio con un pequeño y curioso piano de metal, la expectativa de una máquina de caramelos o algún teletransportador espacial se derrumbó…

– ¿Qué clase de piano es ese que estás tocando, tía?
– No es un piano.
– ¿Es una máquina de caramelos?
– No, no es una máquina de caramelos.
– ¿Es un teletransportador o una máquina del tiempo?
– Mmm, sí, digamos que sí, a veces lo puedes usar como teletransportador y otras como una máquina del tiempo.

Mis ojos se abrieron tan grandes por la emoción como si fueran agujeros negros, que cada uno hubiera podido teletransportar al mundo entero.

¿Cómo funciona? ¿La puedo usar? ¿Me enseñas? ¿Puedo ir a la Luna? ¡Quiero conocer a los faraones egipcios! Dinosaurios, ¡¡¡QUIERO VERLOS!!!!

En este momento es de uso exclusivamente académico, la estoy usando para terminar mi tarea de la escuela, el siguiente viernes te espero aquí a la misma hora para que aprendas a usar este bebe. Lo dijo mientras acariciaba la máquina como si fuera su más preciado tesoro.

Lo más cruel qué podemos hacer con un niño de 6 años que tiene frente a él algo que podría llevarlo a conocer el universo entero… Es decirle: “Hoy no, después”. Un niño tiene un pasado muy pequeño, casi despreciable para su memoria, pero una percepción de futuro casi infinita por todos esos años que le quedan por delante, vive muy en el presente y tan solo pensar en que tiene que esperar varios días es mortal para la paciencia infantil.

¿Has estado pendiente del reloj del horno de microondas cuando tienes mucha hambre y 60 segundos parecen ser dos horas?
¿Has estado haciendo fila en algún baño público con la urgencia entre piernas y parece que la gente que entra antes que tú fueran de tránsito lento… tan lento que parece el tránsito de una zona escolar?

¿Has estado esperando junto a tu pareja a que una prueba rápida de embarazo dicte el rumbo de sus vidas con su resultado y parece tardar tanto que deduces que Dios te está castigando por pecar?

¿Has estado en la fila de un cajero automático con mucha prisa y pareciera que todos los que están delante de ti juegan al Tetris en lugar de retirar dinero?

Bueno, pues nada de eso se compara con lo que siente un niño a la espera de un preciado tesoro, es más, multiplícalo por 1000.

Desde ese día, esa máquina se volvió mi obsesión… Tuve varios sueños… En uno de ellos yo estaba en un laberinto y escuchaba el sonido del golpeteo, corría a buscarlo pero nunca lograba hallarlo. También un sueño donde veía una máquina enorme y yo saltaba sobre cada tecla y corría encima del carrete. Y el más emocionante fue donde la hoja de papel se convertía en una pantalla de cine y podía ver de cerca como era la Luna, las pirámides, incluso viaje en el tiempo al futuro y pude ver los autos voladores y edificios enormes que se interconectaban por medio de puentes.

Cada día que pasaba, le preguntaba a mi madre si hoy iríamos a casa de los abuelos, ella me decía que no y me daba el número de los días que faltaban, cada vez eran menos, pero a mí no me importaba eso, a mí me importaba que al preguntarle me respondiera: “Hoy vamos con los abuelos”.

Me había cansado ya de preguntar y me solté al fluir de la vida. Un día, sin decir antes: «Buenos días hijo, ¿cómo amaneciste?» Mi madre dio indicaciones cuál general a su batallón: Métete a bañar rápido, no dejes tirada tu pijama en el piso, échala en el bote de la ropa sucia, en media hora salimos para casa de los abuelos.

Este comando de órdenes se procesó de una manera rápida, precisa y objetiva, mi madre me había estado entrenando para que el procesamiento de palabras fuera como en el régimen militar y sin dejar espacios a negociaciones o cuestionar sus indicaciones.

INICIO —> Bañarme Rápido —> Pijama Piso No —> Echar Ropa Bote —> Información Irrelevante Descartada —> FIN.

Algo en el agua caliente me relajó, ya ves que dicen que los iones positivos ayudan a la … ¿Casa de ? ¿Casa de los a? ¿Casa de los Abue…? ¿¡CASA DE LOS ABUELOS!? AHHHHHHHHHHHHHHH!!!!! Mi grito de emoción estremeció a toda la colonia, mi madre subió a ver si no me había pasado algo y varios vecinos llamaron y otros tantos fueron a tocar la puerta de la casa para ver si todo estaba bien.

¿Recuerdan lo reconfortante y placentero de venir sentado en la parte trasera del auto familiar?… justo a lado de la ventana, con el vidrio abajo, siendo acariciado por el viento en la cara y apreciando el paisaje. Pues ese día no sucedió así, como tan comúnmente disfrutaba los viajes en el auto familiar… Ese día me sentía como si viniera en una patrulla persiguiendo a unos delincuentes, en un camión de bomberos con rumbo a un incendio, en una ambulancia que hace hasta lo imposible para salvar la vida de alguien. Volteaba a todos lados, miraba el tráfico y contaba cuántos autos había delante, me incomodaba en cada semáforo y deseaba que mi papá se convirtiera en Meteoro y el viejo sedan en el Mach 5.

A ver, paremos un poco aquí, porque creo que este niño está siendo juzgado demasiado pronto de impaciente, intolerante, desesperado, mal educado y hasta quizá de neurótico.

Solo quiero recordarles esto: Él está esperando el momento de poder usar un teletransportador y una máquina del tiempo, no, no es poca cosa, ni algo que se pueda conseguir en cualquier tienda de la esquina o supermercado.

Aquí yo les pregunto… ¿Qué hubieran hecho ustedes si…?

– Estuviera tu príncipe azul esperándote en casa de los abuelos.
– Hubiera una colección de autos superdeportivos a tu disposición en el garaje del abuelo.
– Un par de cofres con lingotes de oro que el abuelo te va a regalar
– El deportista que admiras te estuviese esperando para regalarte una playera autografiada.

Verdad que no es fácil mantenerse en el molde cuando tu más grande sueño e ilusión están a punto de hacerse realidad, esto me pone a pensar un poco en todas aquellas personas que parecen normales y se mantienen en el molde… ¿Estarán detrás de sus sueños?… ¿Aún tendrán ilusiones?

Papa aún no terminaba de apagar el auto, cuando en medio de un grito de “¡Voy al baño!” descendí rápidamente y entre corriendo a casa de los abuelos, subo al estudio esperando repetir la imagen de hace unos días con mi tía sentada frente a la fabulosa máquina (lo confieso, había estado soñando con esta escena como si de una epifanía se tratara) Mi cara de ilusión se transformó en desconcierto al ver que nadie estaba ahí y la máquina estaba cubierta por un enorme estuche azul.

Toda la euforia y emoción se desplomaron cuando la abuela al ver mi cara de desconcierto me pregunta:

– ¿Esperabas ver a tu tía?
– Me dijo que hoy nos veríamos para que me enseñara a usar la máquina.
– Se fue al campamento de verano, corazón. Regresa en un par de semanas.

Los más crueles dirán: Ja. Ja… Jaaaaaaaaaaa. ¡Para que aprenda a ser paciente!

Las más sensibles suspirarán: ¡Pobreeeee! ¡Cositaaa! ¡Awwww!

Los que piensan diferente, los inadaptados, los rebeldes, los alborotadores, las fichas redondas en huecos cuadrados y todos aquellos que ven las cosas de forma diferente gritaran al unísono… Si es tu sueño… !!!VE POR ESO CAMPEÓN!!!

Moralidad, Valores Éticos, Educación, Reglas, Respeto… Cajas, puras cajas. Cajas dentro de otras cajas, cajas dentro de otras cajas dentro de una enorme e infinita caja.

Tomar algo sin permiso, qué conflicto para un niño de 6 años… Tan lejos y tan cerca de la felicidad.

Transcurrió el día como cualquier otro domingo familiar… Para los demás, claro está, porque en lo que a mí respecta, la cabeza no paraba de darme vueltas y una avalancha de sentimientos me invadían. No sé cuántas veces miré por la puerta del estudio para ver si de pura casualidad y de manera casi mágica aparecía mi tía sentada frente a esa máquina.

Dicen que los momentos más difíciles sacan lo mejor de ti y te dan sabiduría, en mi caso la sabiduría vino de una caja negra llamada televisión, para ser más precisos, de un comercial de los chocolates de la marca Larin, donde una persona saboreaba un exquisito chocolate mientras una voz de fondo en tono persuasivo decía… “Es mejor arrepentirte de lo que haces, que de lo que dejaste de hacer”… !!! Voilà !!! El universo me había mandado una respuesta.

Decidido, entre de forma sigilosa al estudio, no sin antes estudiar las posiciones de cada uno de los adultos que se encontraban en la casa y autoconvenciéndome me dije: «No has pedido permiso para usarla, pero tampoco nunca te lo prohibieron…» Presiono los botones de metal que liberan los seguros y mi corazón se detuvo por un instante, era como si hubiese logrado abrir la bóveda de seguridad de algún banco. Al levantar la tapa, el olor a metal, aceite y tinta invaden mi nariz, coloco la tapa a un costado y miro fijamente esa belleza de máquina, que además tenía un nombre, se llamaba Olivetti… ¿Me pregunto si cada máquina tendrá su propio nombre?

Hola Olivetti, soy tu amigo, no te preocupes, no te hare daño, mi tía te cuida bien y yo haré lo mismo, solo vine aquí a descubrir tu magia.

Me quede más de media hora mirándola, buscando de dónde encenderla y pensando en cómo se programaba, había visto muchas películas y caricaturas donde a las máquinas había que presionarle botones, jalar palancas y hablarles para que hagan su trabajo.

El crepúsculo anunciaba que pronto sería la hora de irnos a casa y yo no iba a esperar de nuevo tanto tiempo para poder vivir este encuentro.

Una voz dentro de mí me empezó a dar indicaciones:

Pisa cualquier tecla, ¡¡¡ pisala !!! ¡¡¡Toc!!! Ok, ¿y ahora? Mueve la palanca, ¡¡¡muévela!!! Trrrrrrr tinnn… Pisa otra tecla, toc, ahora otra, toc, ahora varias, toc, toc, toc, la palanca, vamos, trrrrrr tin. Más teclas, písalas… La confianza se empezó a apoderar de mí al ritmo del sonido de las teclas, palancas, teclas, más palancas y deslizar el carro para hacer sonar la campanilla. Observa bien esa cinta negra con rojo, si esa donde golpea la letra, es una cinta del tiempo, ¡claaaaro!, es una cinta del tiempo, si la muevo, ¡¡¡ VIAJARÉ EN EL TIEMPO !!!! Las letras, ¡¡¡ CLAAAAARO !!!, las letras son para escribir a donde quiero teletransportarme.

Muevo el cuello, trueno mis dedos y comenzamos el proceso de nuevo… Piensa en un lugar… ¡La Luna! ¡¡¡ NOOOOO !!!, es demasiado lejos, que tal si ya no puedo regresar, mejor viajemos en el tiempo hasta la época de los cavernícolas, ¡¡¡ NOOOO !!!, que tal si ya no vuelvo al presente… Mmmmm viajemos en el tiempo dos semanas adelante, para encontrarme aquí con mi tía!!!

D-O-S-S-E-M-A-N-A-S, giro un poco el carrete de la cinta, muevo la palanca y …

No paso nada.

Hagámoslo de nuevo…

D-O-S-S-E-M-A-N-A-S, giro más el carrete de la cinta, muevo más la palanca y … Nada

De nuevo…

Piso más fuerte las letras D-O-S-S-E-M-A-N-A-S, giro aún más el carrete de la cinta, muevo más la palanca y … Nada.

Repetí el proceso unas 10 veces más, la cinta ya se estaba acabando, mis dedos estaban sucios de tanta tinta y adormecidos por presionar tan duro las teclas. Así que tome la decisión de rebobinar toda la cinta, empujar fuertemente la palanca del carro para que sonara más duro la campana y apretar al mismo tiempo las 8 teclas de las palabras dos semanas… Exacto, imaginaron bien el resultado… Yo viajando en el tiempo dos semanas en el futuro para encontrarme con mi tía.

La realidad fue otra… La cinta terminó enredada por todo el mecanismo de la máquina, el carro se salió de su guía y acabo a medio escritorio, las teclas se quedaron trabadas y yo quería que me tragara la tierra, no solo perdí mi oportunidad de echar a andar la máquina y viajar en el tiempo, sino también la había destrozado.

Limpié la escena del delito y traté de acomodar las piezas lo mejor que pude, pero la máquina estaba totalmente inservible, coloqué la tapa, cerré los seguros, volteé a todos lados para ver si nadie había sido testigo de semejante vandalismo y salí del estudio sintiéndome totalmente derrotado. Fue la primera vez que experimente un gran sentimiento de culpa, porque solo pensé en mí y en mis sueños, nunca me paré a pensar en los sueños de mi tía y porqué era tan importante esa máquina para ella y peor aún, si es que era la única máquina del tiempo y teletransportadora del mundo, había dejado a todos sin la oportunidad de usarla. En ese instante era cuando más quería una máquina del tiempo para regresar al pasado y evitar este momento.

Continuará…

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