“Cada objeto cuenta una anécdota, cada anécdota es parte de nuestra historia de vida… Los seres humanos y nuestros sueños; los objetos y su temporalidad, estamos íntimamente ligados a vivir experiencias que marcaran nuestra existencia durante el paso por este planeta”.
¡¡¡Felicidades, hoy es tu cumpleaños!!!
Toda la familia se organizó para festejarte en la casa de los abuelos, aunque solo quede la abuela, siempre será la casa de los abuelos.
Vino toda la familia, la abuela (bueno, es su casa), los tíos, primos, sobrinos, nietos y hasta bisnietos, y no, no es que seas muy importante, es que es el mejor pretexto para volverse a juntar después de dos largos años de pandemia.
La alegría y euforia por tanto tiempo de no verse se hace presente en todos, cada saludo y abrazo es comparable a los soldados que regresan de la guerra para reencontrarse con su familia, y bueno, no es para menos con todo lo que se vivió en este tiempo de pandemia, muchos tristemente partieron dejando familias incompletas, otras familias se desintegraron casi en su totalidad, así que es un triunfo que estén todos o la mayoría.
Mesa principal llena, donde se sienta uno, se sientan dos, o tres, mesita de centro en la sala, mesa de la cocina, antecomedor… hay que aprovechar cualquier espacio de la casa donde se pueda poner un plato, no queremos turnos de comida, queremos comer todos juntos, como si fuera La Última Cena, más bien, la primera después de mucho tiempo.
Sentado en la mesa principal, mientras estiras la mano para recibir el plato de comida recién servido y que deseabas con ansias, algo en ti cambia súbitamente y una ligera sensación de vértigo se empieza apoderar de ti, y como si fueras absorbido hacia tu interior, empiezas a percibir todo lo que ahí ocurre de manera diferente, como si lo que siempre te había sido familiar ahora es desconocido, piensas que quizá se te bajo la presión, ya ves, dicen los doctores que hay que hacer un buen desayuno y tú nunca haces caso.
Te has vuelto un completo extraño, te sientes tan ajeno a todo y a todos, daría lo mismo meterte de intruso en cualquier comida familiar que encuentres a tu paso. Sabes que es tu familia, pero es como si de repente no supieras quiénes son y escucharás a unos completos extraños charlar en las mesas de a lado en una cafetería.
El estómago se revuelve y te sientes más incómodo que traer zapatos que no son de tu talla. Un sudor frío te empieza a recorrer el cuerpo y lo único que quieres es alejarte de ahí a como de lugar, necesitas espacio, aire, sobre todo mucho espacio… ¡¡¡Sí, vayamos a fumar!!! ¡¡¡Mierda, ya no fumas!!! Te levantas de la mesa y empiezas a caminar con paso lento y calmado, aunque por dentro hay una vocecita que te dice ¡¡¡Corre Forrest, corre!!! Tomas dirección al único lugar donde siempre te sentías cómodo y seguro desde que eras niño, al único lugar donde podías huir de todo cuando los cosas no estaban bien… El ático de los abuelos o también conocido como “El cuarto de los triques, tiliches o cachivaches”.
¡¡¡Rápido, cierra la puerta!!! que nadie vea que entraste ahí, lo menos que queremos es la insistencia del alguien para que regresemos al comedor. Antes de que tus ojos se ajusten a la parcial obscuridad, se aprecia la luz de una pequeña ventana, te acercas a ella, el paisaje que se ve desde ahí es hipnotizante; una tarde de otoño del mes de octubre, cuando no hay ni frío ni calor, donde el viento hace una sutil caricia y el sol te cobija suavemente, su color dorado baña todo cuanto toca y las calles tapizadas de flores moradas por los árboles de jacaranda, componen una escena digna de ser inmortalizada por algún pintor.
Esa imagen en la ventana te trae recuerdos de cuando eras niño, esa época de búsqueda y descubrimiento, donde la vida te sorprendía de una y mil formas; hoy tienes el presentimiento de que volverá a suceder. El vidrio de la ventana se torna como un espejo y observas tu cara, ya no es la misma que viste la última vez que te asomaste por esa ventana hacía mucho tiempo, delata el paso de los años y un sentimiento de vacío se apodera de ti. No es la nostalgia de tiempos mejores, ni el recuerdo de la niñez, es ese maldito sentimiento de no haber vivido lo suficientemente pleno y feliz.
Volteas la mirada tratando de evitar tu reflejo y encuentras a un viejo amigo “El Baúl Mágico”, un viejo y enorme baúl que tenían los abuelos, donde con el paso del tiempo, iban guardando objetos que algún momento fueron importantes para sus dueños.
Te imaginas las cosas interesantes e increíbles que puede tener un enorme baúl que lleva 4 generaciones de la familia en sus entrañas, hace muchos, muuuuchos años que no curioseas ahí y lo que puedas encontrar será como abrir una cápsula del tiempo…
Lo primero que encuentras al abrirlo es una enorme foto enmarcada de los abuelos el día de su boda, mientras observas la foto, un fuerte olor a cuero, madera, cartón y tela vieja te transportan a otra época, no solo a una época antigua, también a una época de sueños e ilusiones…
Que jóvenes están los abuelos en esa foto, incluso son mucho más jóvenes de lo que tú eres en este momento, y además estás soltero de nuevo, (bueno, eran otros tiempos). Al mirar sus caras de felicidad te empiezas a cuestionar muchas cosas… ¿Qué le vio el abuelo a la abuela? ¿Qué enamoro a la abuela del abuelo? ¿Alguna vez imaginaron, qué gracias a que ese día firmaron un papel y rindieron votos dejarían un legado de 4 generaciones? ¿Quién piensa en estar 65 años junto a la misma persona?
La curiosidad te motiva a buscar más objetos ahí adentro… Hay una caja de cartón con un gran moño rojo, al abrirla descubres que está el ¡¡¡VESTIDO DE BODAS de la abuela!!! Los años hicieron su trabajo y de un blanco puro, ahora tiene un tono algo amarillento, aun así su esencia irradia la ilusión de convertir en una inmaculada princesa a quien lo viste… Quizá la enorme sonrisa y felicidad que reflejaba el rostro de la abuela en la foto de su boda, no es por quien ese día se convirtió en su esposo, sino por ser la princesa de un príncipe… Al ver que no es de tu talla, decides meterlo en su caja y seguir hurgando…
Hay un viejo estuche de cuero negro con un enorme cierre de metal que lo rodea… Al abrirlo, sientes como cada diente del cierre se va separando, es como si el interior estuviera custodiado por un cocodrilo que lentamente abre sus fauces… ¡¡¡Es el VIOLÍN del abuelo!!! Un fuerte olor a madera, loción y tabaco te hacen sentir como si el espíritu del abuelo estuviera ahí. Hace 10 años que falleció el viejo y aún recuerdas como si fuera ayer las historias que te contaba, la más presente de todas y la que repetía constantemente era sobre la fabricación de un violín y la elección de su madera, lo comparaba con el proceso de elegir una buena mujer para formar una familia…
“La elección de una mujer es como elegir la madera para el mejor violín, los árboles más propicios están en zonas de abrigo de media montaña y la mejor parte del árbol está orientada hacia el sur; en la mujer no hay que buscar ni a la rica ni a la pobre, la rica tiene todo y la pobre quiere todo, clase media te evitara muchas peleas y presiones innecesarias, ya juntos decidirán si van para arriba o para abajo; que mire hacia el sur, bueno, digamos que tenga esa chispa de sensualidad.
Las partes del árbol no tienen que estar muy cerca de la raíz ni de la copa, tampoco cerca del duramen; una mujer ni muy soñadora ni muy realista y menos una que tenga duro el corazón, en la vida, así como en la música, hay muchas notas, tonos y armónicos, no todo será color blanco o negro, así que un corazón que vibre al compás de los latidos de la vida es más importante que un corazón duro e insensible.
La luna es muy importante en la tala del árbol, el mejor momento es cuando hay “Buena Luna”, la luna menguante de invierno es cuando el árbol se encuentra más inactivo y cuando menos daño se le hace a la madera, al contrario pasa en los cuartos crecientes de primavera, cuando el árbol está más activo y en proceso de crecimiento. Con la mujer igual, busca una que este sin pareja y en paz con ella misma, no andes por ahí jugando al Don Juan con todas y menos aprovechando la primavera para ver que tomas de ellas. Eso déjalo para los brutos, ser un caballero cortejando a una mujer requiere de tiempo, paciencia y sobre todo de buena voluntad.”
Después de tres divorcios, tal vez sea momento de hacer caso a los consejos del abuelo.

