Hola, soy un Don Nadie

La ventaja de ser un Don Nadie…

 

– Hola, me presento… Soy el Lic. Fulano Zutano de Perengano
– Hola, mucho gusto… Soy Don Nadie.

¿Cuántas veces hemos sentido que no somos alguien en la vida?, o estamos en la búsqueda de ser alguien. Creemos que solo siendo alguien reconocido podremos lograr lo que queremos y que llegara la felicidad. En algún momento de nuestra vida fuimos alguien y lo estamos perdiendo o lo perdimos. Si algunas de estas frases te suenan, el siguiente texto es para ti, verás un poco de donde viene todo esto y como hemos creado todo una cultura basada en Ser Alguien Importante y que hoy en día está siendo más volátil y efímero que en cualquier otra época.

“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. – Antoine de Saint-Exupéry –

Los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, hemos estado en la búsqueda de ser “Alguien”, de ser reconocidos y distinguirnos del resto de los demás mortales que nos rodean, ya sea por nuestras habilidades en alguna actividad, nuestra fuerza, belleza, carisma, elocuencia, conocimiento, título nobiliario, religión, lugar de nacimiento, posición económica o poder político.

En la época de las cavernas, las mujeres y hombres con las mejores habilidades para la supervivencia y la preservación de la especie, eran quienes ejercían la mayor influencia y poder en las tribus, sí, eran épocas donde era toda una tarea complicada mantenerte vivo y a salvo, el lugar de jerarca comúnmente estaba reservado para los más veteranos, su experiencia y conocimiento acumulado con el paso de los años, los hacían indispensables para transmitir todo lo que sabían a las futuras generaciones.

Este fue quizá el inicio de los “Títulos” que tanta importancia tomarían mucho tiempo después. Pasamos de títulos que se otorgaban con base a las habilidades, a títulos heredados, como los nobiliarios, que pasaban de padres a hijos y así sucesivamente, y estos titulares (quienes ostentan el título), tenían el poder de asignar títulos a más personas por diversas razones. Así fue como llegamos a la época de la edad media, donde tu vida, tu estilo de vida, tu pareja, tu posición económica y política dentro de una comunidad, estaba determinada por un título. Si el título que habías heredado te favorecía, no había mucho que hacer, salvo evitar perderlo. En cambio, si no habías heredado un título, más te valía alguna valiente hazaña en beneficio del reino, para que pudieras obtener un lugar diferente en la sociedad y cambiar tu forma de vivir.

Hoy estamos en la Edad Contemporánea y muchas de esas cosas no han cambiado, incluso hoy en día tenemos muchos más títulos que nos autodesignamos, nos son impuestos o ganamos, desde el ámbito académico como un Licenciado o Ingeniera, hasta el ámbito sexual como decir heterosexual o LGBTTTIQ+… pasando por una casi interminable lista de títulos… que también podríamos llamar, etiquetas, rótulos, calificativo, denominación, designación…

Tal pareciera que si no nos rotulamos, no pertenecemos a este mundo.

Siendo un poco reduccionistas, los títulos están relacionados con el poder, su relación sería:

Tienes el poder, se te asigna un título, y si tienes un título, tienes poder… Aunque en la práctica esto no siempre es así, hay títulos que te restan poder, tanto personal como socialmente hablando; y hay personas con títulos que no tienen poder. De estos últimos pongamos algunos ejemplos:

  • El jefe que no tiene el poder de coordinar a los empleados.
  • El Padre/Madre que no es escuchado por sus hijos.
  • El orador que no tiene la atención de su público.
  • El médico que no puede curar a sus pacientes.
  • El abogado que no cumple a sus clientes.
  • La pareja que no respeta la relación sentimental.
  • El amigo que desaparece cuando le pides apoyo.
  • El político que no cumple con sus promesas de campaña.

Y así podríamos hacer una enorme lista de personas que no son capaces de hacer cumplir lo que eso conlleva. Como te habrás dado cuenta, un título está relacionado con la capacidad de hacer cumplir todo lo relacionado con esa designación. Admitámoslo, no todos somos perfectos, ni unas máquinas de hacer cumplir las encomiendas de la sociedad, somos humanos en un continuo proceso de aprendizaje, y como tal, estamos propensos a cometer errores, a fallar.

Se vuelve un problema cuando, por nuestra incapacidad, o por una mala época en nuestra vida, empezamos a tener un conflicto por estos errores.

Cuando todo es miel sobre hojuelas, somos reconocidos por la sociedad, tenemos influencia en los demás y muchas ventajas económicas, pero en época de vacas flacas, el título se vuelca sobre nosotros y de ser una llave maestra que abre todas las puertas, se empieza a convertir en nuestra lápida.

Debido a la importancia que tomaron los títulos por los beneficios sociales y económicos que aportaban a la vida, empezamos a crear este cuento de que «necesitamos Ser Alguien en la vida», y cuando necesitas ser alguien, es porque el que estás siendo en ese momento, no es de importancia, nos desdeñamos a nosotros mismos y comienza esa carrera por alcanzar un ideal de persona en la que, creemos, nos convertiremos el día que obtengamos ese título.

Para la gran mayoría, la obtención del título no representa lo que tanto anhelaban y la búsqueda de más títulos y posesiones se hace presente, desencadenando un vacío profundo, porque nada de lo que empiezas a acumular llena ese vacío.

Ese vacío no se llena con lo que hay afuera en el mundo, ese vacío se llena desde dentro.

No me malentiendas, tener títulos, poder, posición social y económica, no es el problema, cosecha en tu vida todo lo que anheles… El punto es creer que todo eso nos hará alguien en la vida.

El mundo cambia, y las personas que lo habitamos, también. Hoy en día estamos regresando un poco más a la época de las cavernas que a la Edad Media, hoy los títulos como tal, están perdiendo poder y las personas están siendo evaluadas y requeridas, más por sus habilidades y capacidad de acción, que por el título que tengan.

La competitividad, la presión económica y social, desato una encarnizada guerra por los puestos de trabajo, y los que no se adaptaron han ido viendo como sus títulos y los beneficios que ello aporta han ido disminuyendo.

Hoy en día la fama y fortuna de algún veterano comediante, puede ser fácilmente opacada en cuestión de meses por algún nuevo talento juvenil que se haga viral en las redes sociales. La tecnología y su democratización le están permitiendo a más personas tener poder, porque sus acciones no se quedan a nivel local, hoy sus acciones pueden repercutir a nivel global.

El ideal de ser alguien en la vida genera el anhelo de cambio y su consecuente accionar para lograrlo, el punto es, que cuando lo logramos, comúnmente nos encasillamos en el molde que nos hemos creado y eso genera una limitante, tanto a nivel personal como en el mundo que nos rodea. Personalmente, porque creamos toda una idea de nosotros mismos que aprendemos a conocer y a dominar, dándonos la seguridad de lo que ya se conoce; aventurarse a experimentar otras facetas de nosotros es algo demasiado arriesgado y que pone en juego nuestra propia integridad, o por lo menos es lo que creemos.

En el mundo que nos rodea, es más fácil seguir en el molde, conocemos los alcances tanto positivos como negativos y presentarnos ante él en nuevas formas conlleva un riesgo que, pensamos, no debemos correr. Ser un reconocido abogado, requiere el mundo de un abogado, juzgados, despachos, clientes poderosos, dinero y reconocimiento. ¿Qué pasa si un día ya te cansaste tu vida de abogado? Y quieres vivir cosas diferentes que pertenezcan a otro mundo, digamos el mundo de un panadero.

Costo mucho trabajo llegar ahí, y pensamos que es una idea absurda probar otras cosas, aunque por dentro algo te llama a querer descubrir otros mundos, así que elegimos seguir con nuestra vida antes de aventurarnos a probar algo distinto. Lamento decirte que esta es la decisión que toman muchas personas, y todo ese trabajo que costo llegar a ser alguien, hoy te está matando, sí, está matando esas ganas de descubrir cosas nuevas. Así que llegar a ser alguien, te mato en vida en el momento en que querías probar algo más y no te diste la oportunidad, por mantener el pasado, por mantener lo que habías construido.

Y no, no voy a venir con los cuentos de superación personal que últimamente se cuentan, del abogado millonario que vendió su Ferrari, se deshizo de todo y empezó a vivir una vida totalmente diferente criando cabras en algún lugar perdido del Tíbet. Si es tu caso ser tan radical, adelante.

Hay otra posibilidad, y es la de empezar a quitarnos la carga personal de ese molde, regresarle la plasticidad y darle una nueva forma, ¿Cuál? La que tú elijas.

Y si empezamos a practicar el no ser nadie, vivir en la ligereza de que ningún título define quienes somos, donde nuestro poder no viene de una placa de metal con letras doradas puesta al frente de tu escritorio, y que ser un arquitecto, licenciado, ingeniero, millonario, modelo, magnate, influencer, comerciante, albañil, negro, blanco, rosa, judío, católico, musulmán, soltera, casada, madre, hija, abuela, ama de casa, doctora, etc. No te convierten en nadie, sino que tan solo, son una parte de quien eres, pues tu totalidad, la totalidad de tu ser, se extiende mucho más allá que eso. No te limites.

¿Cómo sería el atreverte a experimentar otras partes de tu ser?

Para lograrlo hay que soltarnos un poco, porque la ventaja de ser un Don Nadie, es que tienes la increíble oportunidad de ser, quien tú quieras ser.

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